Capítulo 20.La vida es un cambio constanteEl sol entraba por la ventana cuando Vanesa despertó, un tanto confundida. A su alrededor, reconocía la habitación que compartía con su pareja.—Señorita, es hora de darse un baño. El rey desea desayunar con usted —anunció Fátima, entrando con unas mantas en los brazos, mientras hacía una pequeña reverencia.Vanesa ladeó la cabeza. Recordaba claramente todo lo que ocurrió al cruzar el umbral, pero no cómo había llegado de nuevo a su habitación.—¿Qué fue lo que pasó? —preguntó sin rodeos.Fátima, que en ese momento buscaba algo en el armario, se detuvo.—¿Mi señora? —respondió confundida, sin girarse.—Sé que me seguiste —insistió Vanesa.Fátima dejó lo que hacía y se acercó a su reina.—Cuando estaba en el jardín, la perdí de vista por un momento. Al encontrarla en el jardín abandonado, quise sacarla de allí, ya que está prohibido desde los tiempos del antiguo rey. Pero cuando llegué hasta usted, simplemente desapareció… y me llevó consigo.
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