Alessandro miró fijamente su teléfono unos instantes antes de dejarlo lentamente sobre su escritorio. Su mirada se endureció. No era un simple ejecutor de las órdenes de su padre. Dirigía su propio imperio, y no actuaba sin un plan preciso.Livia Santoro…Estaba viva. Y peor aún, tenía la audacia de caminar por las calles llevando su nombre, desafiando a los Volta.—Muy bien, Livia —murmuró para sí mismo—. Si quieres jugar a este juego, entonces seré tu peor pesadilla.Antonio sabía que su jefe estaba frustrado, así que se había adelantado para arreglar algo para él. Cuando lo vio salir de su despacho, lo siguió inmediatamente.—Jefe, la habitación del Oeste está lista. Puede ir a relajarse —dijo Antonio acercándose a él.Alessandro suspiró, con aire agotado.—Lo necesito de verdad, Antonio. Muchas gracias —respondió con tono cansado.Tomó el ascensor y se dirigió al quinto piso de su palacio. Allí, una gran habitación había sido preparada para él. En cuanto salió del ascensor, dos mu
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