El claro se quedó en silencio después de eso.No un silencio incómodo.Uno preciso.Como si cada sonido innecesario pudiera alterar algo que aún estaba en equilibrio inestable.Syrah no retrocedió.Yo tampoco.Ashen permanecía a mi lado, pero su presencia no era una barrera entre nosotras. Era un punto de estabilidad. Una línea que no necesitaba cruzarse para sentirse.El viento apenas movía las hojas. La luz entraba en fragmentos entre los árboles, dibujando sombras irregulares sobre el suelo.Todo parecía tranquilo.Pero no lo era.Nada de esto lo era.—Entonces hazlo —dijo Syrah finalmente.No levantó la voz.No cambió su postura.—Sosténlo.La frase no era un desafío vacío.Era una exigencia.—Eso es lo que estás pidiendo, ¿no?La miré sin responder de inmediato.Porque no estaba equivocada.Pero tampoco tenía toda la razón.—No estoy pidiendo nada —dije finalmente—.Estoy definiendo cómo se sostiene esto.—Y eso es pedir algo —respondió ella—.Disciplina.Control.Renuncia.Un le
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