—Definitivamente no, —murmuró Enrique, bajando la cabeza con voz apagada.—Siempre has sabido medirte, hijo, —Raúl gruñó suavemente, su tono se suavizó un poco—. Papá confía en ti.*Inés yacía en la cama, el mundo girando a su alrededor. No quería bañarse ni cambiarse de ropa, solo quería dormir ha
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