Pero, justo al instante siguiente, Steph se dio cuenta de que el gatillo, que siempre había accionado con facilidad, parecía estar soldado y bloqueado, ¡y no podía presionarlo en absoluto!Las venas se le marcaban en el antebrazo por el esfuerzo, y su dedo parecía a punto de romperse por la presión que ejercía. Notaba claramente dolor en la articulación del índice, el rostro cubierto de sudor, pero el gatillo no se movía ni un milímetro.Pálido como la cera, gritó a los demás:"¡Algo anda mal! ¡Dispárenle! ¡Ahora mismo!"Todos los hombres vestidos de negro intentaron disparar a Charlie de inmediato, pero sus gatillos también se bloquearon, igual que el de Steph, y comenzaron a gritar presa del pánico."¡El gatillo no se mueve!""¡El mío tampoco!"Gimiendo de frustración, Steph estaba a punto de pedir refuerzos por el walkie-talkie cuando, de repente, se dio cuenta de que tampoco podía mover la mano.Un escalofrío le recorrió la espalda. Miró a Charlie con rabia y preguntó con n
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