ESPOSA POR UNA APUESTA
ESPOSA POR UNA APUESTA
Por: QUEEN DE VIL
1 - parte 1

LEANA

Me ha golpeado, violado y humillado nuevamente. Mi esposo me ha golpeado nuevamente y ya no se que hacer con mi vida. El pómulo derecho me duele, mis piernas, abdomen y costillas me punzan tan fuerte que me sacan las lagrimas que limpio con rabia cuando me dirijo a la cocina.

Todos los días me veo cara a cara con un monstruo, veo el lado mas oscuro, cruel y despiadado del ser humano. Hay momentos en los que quiero tomar el cuchillo y cortarme las venas para salir de este malvado destino, pero soy demasiado cobarde o tengo una leve esperanza de que las cosas cambiaran.

Tengo mucho miedo, vivo con ese sentimiento hace meses cada que llega el día, cae la noche y mi vida se ha vuelto un martirio con el hombre que escogí como esposo. Amaba demasiado a Camilo, pero desde hace meses para acá que se ha enviciado con los juegos de azar y el alcohol se ha convertido en un monstruo, en mi peor pesadilla.

Le hago el desayuno temblando, con miedo de que aparezca por ese umbral y venga a golpearme nuevamente, aunque en las mañanas suele ser mas calmado, pero cuando llega la noche es cuando sucede su transformación.

Le sirvo los huevos con las manos temblorosas y todo se me dispara cuando siento su presencia detrás de mí.

—Que buen huele mi amor—llego tan alcoholizado que no se acuerda de lo que me hizo ayer—voy tarde, sírveme el desayuno.

Me giro con el plato y nota el golpe que me dio ayer cuando no quise tener sexo con él.

—Eso te pasa por no obedecerme.

—No tenías derecho a golpearme, violarme y…

En dos pasos lo tengo encima tomándome del cuello con fuerza consiguiendo que las lágrimas se me derramen.

—Por favor Camilo no me hagas más daño—no quiero más golpes—mi amor.

Su aliento es asqueroso, huele alcohol y podrido.

—No me digas que hacer porque eres mi m*****a esposa.

Me suelta para abofetearme con tanta fuerza que caigo al piso con el plato el cual forma un reguero cuando se fragmenta. Pruebo nuevamente el sabor de mi sangre cuando me parte el labio con el golpe tan desmedido que acaba de darme. Me arde la mejilla y me duele el alma cada que hace conmigo lo que quiere.

—Si quiero golpearte lo hago y si quiero poseerte cuando quiera lo hare porque—me toma del cabello levantándome de un tirón, grito de dolor, su maltrato me esta consumiendo por dentro—me perteneces y puedo hacer contigo lo que se me pegue la puta gana.

Me suelta sin cuidado llevándome dos pasos atrás donde me golpeo con el borde de la cocina la espalda. Me quejo de dolor cayendo al piso con lágrimas en los ojos. Alza la mano para golpearme, pero me encojo como un cachorro lleno de miedo, de temor por su vida cuando ve que no puedo con su enemigo.

—Por favor mi amor, ya no más—le pido—me duele.

—Vez lo que me haces hacer, sírveme el desayuno.

Rápido me levanto, no quiero que me golpee mas y como puedo le preparo los huevos como le gustan, las tostadas se las caliento y le echo mantequilla al pan antes de ponerlo en el plato. Toma jugo en las mañanas con café y en menos de nada con lagrimas le dejo el plato junto a él.

Tiemblo cuando se lleva el primer bocado y…. retrocedo cuando tira el plato a un lado furibundo y cierro mis ojos esperando el golpe.

—No sirves para una puta m****a.

Se va permitiéndome respirar. Caigo al piso para llorar como lo hago todas las mañanas. Me duele el alma, Camilo no era así, pero no se que ha pasado con el hombre con el cual me case, es un monstruo sin sentimientos que tiene todo mi cuerpo lleno de moretones ya que todos los días me golpea, me trata mal y abusa de mí.

Recojo todo el desastre antes de darme un baño. Me duele la vagina, me penetro sin estar lista y casi todos los días es lo mismo. Cuando pierde llega a desquitarse conmigo y quisiera llamar a mis padres, decirles que me ayuden, pero me da mucha vergüenza confesarles que Camilo me maltrata de todas las formas posibles.

Miro mi cuerpo, estoy muy delgada, demasiado flaca para como era hace cuatro meses desde que comenzó mi pesadilla. Maquillo el golpe de mi mejilla Los hematomas en todo mi cuerpo lo cubro con ropa holgada y salgo al supermercado mas cercano para hacer las compras con el poco dinero que me da.

Recorro los pasillos con el cuerpo adolorido, compro la carne y algunas verduras que dejo en la canasta antes de ir la farmacia para comprar una pastilla para no quedar embarazada y algo para el dolor. Hace dos meses perdí a mi bebe debido a una de sus palizas y no quiero volver a pasar por algo como eso nuevamente.

—Hija—es mi vecina—escuche gritos anoche, estas bien.

—Si, señora Ivanov, no se preocupe que solo era que teníamos el televisor muy alto—miento—una película de acción.

Niega, el hombre de la farmacia me observa y me arden los ojos llena de vergüenza. Pago para irme y hacer la fila para cancelar los productos. Salgo del supermercado con las bolsas de compras. En Moscú, los veranos son cómodos y parcialmente nublados y los inviernos son largos, helados, nevados, ventosos y nublado.

Estamos en verano en esta parte del año y algo me gusta mucho es caminar, disfrutar del paisaje porque cuando cae la nieve, por lo general hay que estar encerrados.

—Leana—vuelve a llamarme la señora Ivanov y me apresuro ayudarle con su compra—gracias, eres una niña muy hermosa.

La señora vive sola, hace tres años que vivo en esta zona y desde entonces la conozco. Me platica de su vida mientras caminamos y no quiero llorar cuando me cuenta de su esposo que era muy amoroso.

—¿La llego a golpear alguna vez?—que estúpida soy—no piense que mi esposo me golpea, solo….

Me quedo callada, estoy empeorando las cosas.

—Soy psicóloga pensionada y puedo reconocer cuando una mujer esta siendo maltratada hija y no me engañas—llegamos a la puerta de su casa—denúncialo o defiéndete porque va a llegar el día en que todo se va a salir de control y no quiero ir a tu funeral.

Me acaricia la mejilla donde tengo el golpe y siseo con el dolor que se despierta.

—Eres tan bella—bajo mi cabeza—tus ojos verdes han perdido vida, tu cabello rojo brillo y tu marido no tiene derecho a consumir tu resplandor, yo puedo ayudarte, pero tu tienes que dar el primer paso porque no estas sola Leana, cuentas conmigo.

—Gracias—intento irme, pero me sostiene de la mano.

—Perdí a mi hija exactamente de la misma manera que tu, el miedo, la vergüenza son tus peores enemigas porque no eres tu quien debe sentirse mal, si no ese bastardo, búscame hija, yo puedo ayudarte.

Necesito un abrazo urgente cuando se me derraman las lagrimas y me le voy encima sintiendo que son los brazos de mama quien me dan las energías.

—Ay hija, como estas sufriendo mi amor y no lo mereces.

Acaricia mi cabello mientras me desahogo en sus brazos porque tengo tanto miedo, tengo tanta vergüenza y odio tanto mi vida que no sé qué hacer.

Me calma sus palabras, quiere que ingrese a su casa, pero me niego, le prometo que si necesito ayuda la buscare y me dirijo a mi casa encontrando un sobre cuando abro la puerta. Dejo todo en la cocina y abro el sobre que contiene una carta que al leerla se me salen las lagrimas al darme cuenta que el banco va a quitarnos la casa.

No entiendo esto de que va porque ello me apresuro a llegar al banco donde me atiende un hombre el cual me explica lo sucedido.

—Hace seis meses su esposo realizo un prestamos con el banco dejando como garantía su casa.

—Pero se supone que debe tener la firma de los dos, y yo no recuerdo firmar algún papel.

Hace seis meses las cosas no estaban del tamaño que esta ahora mismo. El hombre revisa sus documentos mostrándome una hoja que me decepciona.

—¿Es esta su firma? —la observo bien, es mi firma, pero yo no la firme.

—Si, pero…

Tengo dolor de cabeza, ya no resisto esta situación, el hombre no tiene la culpa por ello decido dejar las cosas así.

—Gracias, ya lo recuerdo bien.

Vuelvo a casa, es una perdedera de tiempo seguir buscando una explicación cuando esta claro las cosas. Se me salen las lagrimas cuando regreso y tomo las pastillas para el dolor porque la vagina continua doliéndome mucho, mis costillas, el labio y mi pómulo que menos mal no se ha hinchado como temía. Organizo la casa, la limpio y como me gustaría volver abrir mi pastelería. Soy buena en la cocina y mas haciendo postres, tortas, bizcochos y demás dulces.

Me recuesto por un momento agotada, el dolor en mi cuerpo es insoportable y recordar lo de anoche me quita el aliento. Caigo en el mueble no se por cuanto tiempo me quedo dormida pero aquí no sufro, todo es mas bonito, sin embargo, el ruido de la puerta siendo abierta abruptamente me levanta asustada.

Se me dispara la suma de todos los miedos al ver a Camilo con un aspecto peor que ayer y no quiero que me viole, me golpee y me humille como lo viene haciendo.

—Ven aquí perra.

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