Capítulo 45.

No podía liberarme. Pataleaba, movía mis brazos con brusquedad, gritaba, pero nada funcionaba. Pensé en las clases de defensa personal, en las técnicas que me habían enseñado y en tratar de aplicarlas, pero por mucho que mi cerebro enviaba las órdenes, mis brazos y mis piernas no lo captaban. Estaba congelada, petrificada, el miedo me había nublado toda capacidad de razonar, reaccionar y atacar.

Así que, sin fuerzas, cansad

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