PREFERIRÍA ARDER EN EL INFIERNO QUE ESTAR CONTIGO.
Ria susurra que está embarazada, ya sabiendo que no es alegría, sino una condena. En lugar de cuidado, él se ríe, frío y cruel, acusándola de buscar atención y sacando a relucir a Evelyn, la mujer a quien siempre ha amado más que a su propia esposa. Luego ofrece algo peor que el rechazo: un plan. Ella debería fingir que el bebé no es suyo, cargar con la culpa, destruirse a sí misma, solo para proteger a Evelyn, quien está embarazada y necesita ser salvada.
Y de algún modo, él logra que todo sea culpa de Ria.
Años de silencio, abandono y sufrimiento callado se quiebran de golpe. Ria le da una bofetada, destrozando el último pedazo de sí misma que aún esperaba que él pudiera elegirla. Huye, rota e invisible, hacia la noche, hacia una muerte que él ni siquiera nota.
Mientras su vida se apaga, lo escucha reír, intacto, indiferente.
Y en ese último momento vacío, Ria hace una promesa más fría que el dolor: si alguna vez tiene otra vida, jamás volverá a pertenecerle.