XXVII. DESAPARICIÓN

Ese mismo día, unas horas después…

Scott.

Me duele la cabeza, por un momento mientras me estaban dando la anestesia, creí haber visto a mi madre sonriéndome. ¡Qué locura! Lo tomé como una buena señal. Pero ahora que estoy despierto sintiendo que me han reemplazado mis ojos por dos carbones al rojo vivo no estoy muy convencido.

El doctor me advirtió

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