Ella y yo.
—Ismael...
—¿quién me llama...? —inquirí en medio de aquel oscuro lugar.
—Ismael...
—¿Quién eres? Porque no te veo... —Volví a preguntar buscando su voz como la luz de un faro en la oscuridad.
—Sabes quién soy... muy dentro ti lo sabes...
—No... lo sé.
—¡Llevas mi sangre en tus manos, ya lo olvidaste tan pronto!
—No... no es verdad, Viola por favor... ¡Yo no te mate!
—¡Me hiciste amarte hasta la muerte... morí en tus brazos por tu culpa, y me llevarás para siempre como una ca