—Ismael... —le, llame adormilada al no sentir la calidez de su hombro, me erguí sobre la manta sintiendo el frío de aquella noche en aquel bosque oscuro y solitario. Asustada volví llamarle mientras intentaba buscarle en la oscuridad de las sombras de las ramas de los árboles.
—¿Ismael donde estás...? —escuche unos pasos, venir de los árboles y volví a llamarle pensado que era él
—¡Está por aquí, vengan! Parece que está esperando a Ismael. Está loca... la oí hablar sola.
—¿Dónde? Yo quiero ver