Selene se sintió un poco desconcertada, pero asintió con la cabeza y respondió:
—De acuerdo.
Luego, abrió la puerta y entró en la oficina. La luz en la oficina se encendió, lo que la ayudó a aclarar su mente.
Las palabras de Octavio en el coche resonaban en sus oídos. Selene tomó un pedazo de papel y escribió algunas líneas en él antes de doblarlo y guardarlo en su bolsillo. Luego, tomó un archivo al azar y salió rápidamente de la oficina.
—Octavio, creo que voy a volver a casa de mi tía solo.