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Julianne llevó a Amalia a casa, la dejó instalada en la habitación que compartiría con la pequeña, les dio vestimenta y las dejó descansar
Tres días pasaron, Amalia estaba ayudando con el trabajo de la casa, estaba limpiando en el jardín cuando llegó otro de los Ferrari, Amalia lo miró y este también fue completamente indiferente. Se acercó a ella mientras Amalia sentía su corazón retumbar en su pecho. Lo miró fijamente y le pareció diferente en su estilo.
—Hola Amalia, vine para llevarte