Loredana se puso de pie para recibir a los recién llegados. Inhaló profundo para tratar de calmarse. No era así cómo había esperado que la hermana menor de Paolo los encontrara. Había estado tan atrapada en su burbuja de felicidad que se había olvidado que estaban esperando más visita.
Paolo se colocó a su lado y la tomó de la cintura. Ese pequeño gesto la reconfortó.
—Elaide, Ezio —saludó él.
—Paolo —respondió Ezio.
Elaide, por otro lado, tenía la mirada fija en ella con una sonrisa enorme.
Ez