Cecilia, cuya tez se había puesto pálida, parpadeó con sus grandes ojos y le preguntó.
—Bueno, está bien. ¿Qué quieres decir con eso?— Susan, que estaba a su lado, también ayudó.
— De repente tienes un hijo... ¿bebiste durante el día? Ese chiste no es apropiado.
Samuel y Marian, que estaban frente a la madre e hija, parecían sin palabras.
En contraste, la expresión de Damián era tranquila y decidida, como si ya hubiera puesto su mente en orden.
—No es un chiste— Damián les dijo—Según los r