Los ojos de Avery se abrieron ante la inesperada situación. Damián la miró a la cara y abrió la boca.
—Anoche dijiste mi nombre mientras dormías
—¿Yo, yo?— Avery preguntó confundida.
—eh. Y varias veces.
—No mientas.
—¿Por qué diría semejante mentira?
Preguntó Damián, acercando un poco más la parte superior de su cuerpo.
—¿Qué sueño tuviste que te hizo llamarme así?— La cara de Avery se puso roja a medida que la distancia se acercaba. Lentamente giró la cabeza hacia un lado y dijo.
—No sé. No r