Analu
Aunque asustada, respiro hondo. Reconocería esa voz a kilómetros de distancia y ahora, pasado el susto, el olor de su perfume ya me da cien por ciento de certeza de quién se trata. Poco a poco retira la mano de mi boca y suelta mi cintura. Me giro hacia él enfurecida y digo:
— No deberías abordarme de esa forma. ¿Te volviste loco, Santiago?
Y no debería, de verdad. Si yo fuera cardíaca ya estaría caída en este suelo.
Ignorando lo que dije, él habla:
— Tu culo está siendo visto por todos l