Analu
— Hola... — dice con los ojos llenos de compasión.
¡Sí, es Santiago!
Me levanto y, en una necesidad desesperada de un abrazo de alguien, lo abrazo y comienzo a llorar.
Él se queda intacto, no me corresponde, pero no quiero eso, solo quiero sentir a alguien cerca para apoyarme. Suavemente siento sus manos en mi espalda, por fin un abrazo y un beso en la coronilla de mi cabeza.
— Cálmate, mi pantera. Todo va a estar bien. Tu abuela va a salir de esta y todavía vamos a tomar un buen jugo de