Analu
Despierto por la mañana y Santiago está sentado en el borde de la cama observándome. Su mirada está diferente, tranquila y en paz. Todavía no consigo creer que todo esto sea real, y que sí, él decidió cambiar, decidió intentar ser alguien mejor por nosotros. Abro los ojos con dificultad por causa de la luz del sol que invadía la habitación.
…¡Sí!
…¡Sol!
…¡Claridad!
…¡Luz!
«¡Ay Dios mío, qué feliz estoy!», pienso mirándolo.
— ¡Buenos días! — digo con cierta timidez, al fin y al cabo estoy