SALVÁNDOLA.
SALVÁNDOLA.
Dentro del agua, las dos seguían forcejeando, sin embargo, había que reconocer que la ventaja la llevaba Vivían.
―¡Eres una zorra, dices ser la esposa de Marcelo, pero dejas que otro te coquetee! ―Vivían, hundió la cabeza de April bajo el agua y está lucho por respirar.
Al ver que se estaba quedando sin aire, April pellizco con fuerza el brazo de Vivían y esta se quejó de dolor y la soltó.
―¡Ah! ¡Perra!
April que no iba a seguir haciendo un espectáculo, nado con dificultad hacia la