Capítulo XXII. Cazar a una heredera. Parte 1
Finlay.
Un sonido insistente me golpeó el oído, y con cierta ira busqué entre las sábanas el molesto objeto que perturba mi sueño, finalmente lo cogí, estaba donde lo había dejado anoche, antes de ir a ducharme, sobre mi mesa de noche. Mientras, buscaba con mi otra mano, de nuevo, al sorprendente y tentador regalo que había recibido, no quería que se despertara después de la noche que habíamos tenido, se merecía descansar hasta que yo, de nuevo, la reclamara, deseaba ducharme de nuevo con ella