Jay dijo fríamente: “No tienes que preocuparte por el Gran Asia”.
Sean no pudo pensar en ninguna respuesta ingeniosa. Dijo angustiado: “Como gustes, Amo Ares”. Luego, se alejó sintiéndose desanimado.
Angeline miró a Jay. Este tipo vino como invitado, pero avergonzó al anfitrión. Aún podía quedarse y saborear su vino con despreocupación.
Angeline ya no pudo ver esto. Ella le recordó con amabilidad y dijo: “Señor Ares, no lo olvides. Tienes que reservar algo de dignidad para otras personas para