La expresión de Stanley Bell cambió para mal. La única persona que tenía tal control sobre las acciones de Empresas Bell no era otra que Jay Ares.
Solo un momento después, cuando ya era demasiado tarde, se dio cuenta de que cuando todos los inversores se retiraron de su proyecto, no fue porque las empresas subsidiarias estuvieran tomando su propia decisión. Por el contrario, habían recibido órdenes de Jay.
Cuando recordó las recientes interacciones que había tenido con Jay, hasta un tonto podr