GRACE REED
Lo primero que sentí al despertar no fue la luz del sol, ni el sonido de la ciudad allá afuera. Fue la presión. Algo caliente e increíblemente reconfortante me aferraba contra el colchón.
Abrí los ojos con dificultad, parpadeando contra la claridad. Me tomó un par de segundos para que mi cerebro procesara dónde estaba y, más importante aún, quién estaba conmigo.
Miré hacia abajo.
El brazo musculoso de Dominic estaba echado sobre mi cintura y su mano grande descansaba de forma posesiv