Cuando regresaron a la aldea de Vahem, Canary no podía dejar de pensar en todo lo que había ocurrido.
Y, sobre todo, en cómo actuaría a partir de ese momento.
Al llegar a la mansión, ambos subieron al segundo piso en completo silencio.
Vahem abrió la puerta de la habitación para ella, y Canary entró sin decir una palabra.
"Gracias... por todo."
Murmuró con la garganta seca.
"No tienes que agradecerme nada, Canary."
Sus miradas se encontraron.
"Duerme un poco. Mañana nos espera un día muy largo.