Mientras todos están consternados preguntándose que ha sucedido y Julián pone a todos a correr de aquí para allá tratando de detenerme y frustrar mi huida, yo estoy a bordo del auto de Michael a cientos de kilómetros.
Mi respiración está muy agitada al igual que la de Michael. Puedo ver las gotas de sudor resbalando por su frente a través del retrovisor. Los latidos de mi corazón se aceleran al compás de las ruedas del auto mientras nos alejamos rápidamente del lugar. Respiro con fuerza bus