Habían pasado tres meses, ¡tres!, desde mi regreso de Grecia, no nos habíamos visto desde entonces, pero sí llamaba a diario al igual que yo. —Me sentía en un noviazgo no afirmado—. También recibía todos los días un detalle de su parte, o a través de mis hijos. Ellos confabulaban con él y me gustaba que mis hijos lo aceptaran.
Hace ocho días, cuando estuvimos en un centro comercial y él lo sabía, porque desde el cumpleaños de Adara la señorita tenía celular; ese fue su regalo y la razón que me