Ingresé al salón de Egan en el colegio, en dos días viajábamos a Grecia para la lectura del testamento de mi difunto esposo. No tenía idea lo que iba a pasar, pero papá tenía razón. A mí no me interesaba el dinero, pero era el legado de mi marido para sus hijos y bastante que lo vi trabajando para ellos. No había sido fácil superar la muerte de Deacon, día a día luchaba para salir de la cama y dar un paso a la vez cómo lo sugirió la vieja Cristal.
Pero en la soledad de la habitación, lloraba ha