Él se fue.
— Suéltame. — Pedí, intentando soltarme de su agarre, queriendo irme a mi habitación, pero él sostuvo mi brazo con más firmeza y quitó el cabello que cubría mi cuello y parecía conmocionado por un segundo antes de que sus ojos se llenaran de rabia.
— ¿Cómo pudiste? ¿Cómo te dejaste marcar por el enemigo? — Preguntó Nathan apretando los dientes sin soltarme.
— Él no es mi enemigo, a pesar de todo no puedo verlo de esa manera. — Confesé, ya que él había visto la marca en mi cuello no tenía caso