En cada una de ellas él demostraba cuánto me amaba, era un gran padre y no podía evitar sentirme mal por no poder haber crecido junto a él, pero al menos ahora por fin estábamos juntos de nuevo.
— Papá, gracias por aceptarme. — Musite y él se separó de nuestro abrazo.
— ¿Por qué no te aceptaría mi niña? — Preguntó mirándome a los ojos.
¿Él aún no se había dado cuenta de que yo era una Omega o no lo consideraba importante?
— Papá no soy una Alfa. — Susurré bajando la cabeza y él tomó mi mentó