Cuando Julio, Diego y Sofía salieron de la comisaría, se encontraron con Ernesto, que también se marchaba en ese momento. La expresión del anciano se mostraba claramente más contrariada que la de los demás.
—¿Ah? ¿Seguro que quieres dejar a tu nieto ahí dentro? ¿No te preocupa que se vaya de la lengua? —se burló Julio.
Juan había sido muy valiente y se empeñó en que alguien asumiera la responsabilidad de lo ocurrido. De ahí que, ante su insistencia, Matías fuera el chivo expiatorio.
—¡Cuidado,