Alejandro se quedó estupefacto ante su pregunta. Después de pensarlo un momento, respondió.
—Creo que no es así... tal vez la doctora López no quiera verte...
Antes de que pudiera terminar la frase, sintió que una ola de frío le recorría el cuerpo e instintivamente se estremeció. Cuando levantó la cabeza, vio que Julio le miraba sombríamente. Sobresaltado, se dio cuenta de que había dicho algo equivocado.
—Es imposible que te odie—se corrigió de inmediato—. Dados tus muchos encantos, es impo