Matías le vio saltar. Por un momento, no pudo creérselo. ¿Julio se estaba rindiendo tan fácilmente?
No pensaría que había un río esperándole abajo, ¿verdad?
“¡Idiota!”, pensó Matías.
Entonces, le dijo a alguien:
—Busca abajo. Encuentra su cadáver y comprueba con tus propios ojos que está muerto.
—¡Sí, señor! —Su guardaespaldas asintió.
Justo antes de que Matías se dispusiera a llamar a Nicolás, su teléfono sonó. Era la secretaria de su padre. Pensó que llamaba para seguir sus progresos. Antes