Si no le hubiera gustado, lo habría alejado a la primera, sintiendo repulsión por él o tal vez incluso le habría dado una bofetada. Todo eso debería haber sucedido en lugar de lo que sucedía ahora: ni le empujaba ni levantaba la mano contra él, y los latidos de su corazón eran más rápidos de lo habitual.
Las mejillas de Sofía, sonrojadas en un principio, estaban aún más rojas. Estaban prácticamente escarlatas, parecían una manzana madura y deliciosa destinada a ser devorada.
Cuando recobró el se