Una llamada sacó a Julio de sus pensamientos. Al ver que era su abuelo, respondió de inmediato.
—Dentro de tres días es mi cumpleaños. ¿Qué me vas a regalar?
—Abuelo, ¿cómo puedes preguntarme por tu regalo? Se supone que es una sorpresa —Julio se quedó boquiabierto.
—¿Por qué no? Y si no te lo pido, puede que acabe por no gustarme el regalo —El viejo señor César sostenía su teléfono en una mano mientras se acariciaba la barba con la otra, sonriendo para sí mismo.
Pensando en el retrato de