—¿Por qué aceptaste sus disculpas obligada?—preguntó Julio en voz baja.
Con una risita, Sofía contestó:
—Bueno, como tú has dicho, los Navarra no son los Márquez, así que no puedo hacer nada. ¿Qué otra cosa puedo hacer además de aceptar sus disculpas?
—Yo puedo ayudarte—dijo él.
Sofía le lanzó una mirada extraña, como si fuera un bicho raro, y se apartó de él.
—Es tu novia de la infancia. ¿Está bien que te voltees y le hagas esto?
—Sólo somos amigos—dijo Julio con seriedad—. No es mi