Cuando Sofía vio a Rodrigo, este llevaba un día entero sin salir de casa y sin comer nada, así que tenía un aspecto especialmente desaliñado.
Sofía se sintió mal al verle así.
—Rodrigo, ¿estás bien?
Él le sonrió y se sentó en el sofá con la mirada perdida.
—Supongo que sí. Al principio no podía aceptarlo. Pero con el paso del tiempo, ya no es tan difícil de digerir.
Tal vez su destino estaba sellado desde el día en que nació como Guzmán. Estaba destinado a no poder alcanzar la felicidad.
—No es