En el reservado, todos los clientes se habían marchado, y sólo quedaba Rodrigo. Quería irse, pero notaba que algo no iba bien en su cuerpo. Se sentía muy inquieto y tenía un impulso inexplicable.
Al principio pensó que se debía a que había bebido demasiado, pero a medida que el calor se hacía cada vez más intenso e incluso un poco descontrolado, se dio cuenta de que eso no era consecuencia del alcohol.
No estaba borracho, le habían drogado.
Al darse cuenta, su rostro se ensombreció y sintió gana