A la mujer no le importó la desconfianza de Julio, ya que pensaba que era normal.
—Puedes comprobarlo tú mismo, pero tienes que esperar a encontrarte mejor —le dijo.
—Lo haré —respondió Julio.
Después de que Julio leyera todos los documentos, la mujer le observó en silencio, con una sonrisa en la comisura de los labios.
Toda la información que le había dado era cierta, e incluso le había ayudado a descubrir por qué los César le habían elegido como objetivo, aunque había alterado algunos detalle