En la mansión César del DF, un hombre de mediana edad mira al guardaespaldas que tiene detrás.
—¿Está hecho?
—Sí. El objetivo está muerto, y no merece la pena preocuparse por los que quedan—respondió el guardaespaldas.
El hombre asintió satisfecho.
Mientras los pocos miembros influyentes de esa chusma estuvieran muertos, el resto eran simples petardos sin ninguna importancia.
Aunque el viejo les diera oportunidades a manos abiertas, no serían capaces de soportarlo.
—¿Ya lo sabe ese viejo decrepi