Poco después, el carro se detuvo a la entrada del restaurante. Rodrigo y Sofía entraron, y fue entonces cuando ella se dio cuenta de que algo no encajaba del todo perfecto. No había nadie en el restaurante, mientras sonaba en el aire una melodiosa y romántica música de piano.
Hasta el más bobo podría intuir que algo no iba bien. Se giró y miró a Rodrigo.
—Rodrigo, ¿tú organizaste todo esto?
Sofía no estaba muy segura. Pensaba que él no era de los que se pondrían a hacer algo así.
Por otro lado