Sofía se negó en varias ocasiones, lo que provocó que Leo se enfadara obivamente a pesar de su buen carácter anterior.
—En DF no conviene aislarse—dijo, sin la hospitalidad de antes.
Como el lobo se había despojado de su piel de cordero, Sofía por fin estaba dispuesta a mirarle.
—Dime, ¿qué harás si insisto en quedarme sola?—preguntó con interés, queriendo ver cómo respondía Leo.
A Leo se le heló la cara, consciente de que no podía tratar mal a Sofía, sobre todo porque estaban en un evento.