Sofía no le dio importancia. Esperó a que el hombre se fuera y luego le preguntó a Fernando:
—¿Cómo estás? ¿Sientes algún malestar o dolor?
—Estoy... bien. —Él se rio forzadamente, con las mejillas ligeramente sonrojadas.
Frente a su propio padre, podía ser indiferente, pero delante de Sofía todavía se sentía un poco avergonzado.
—Si tienes alguna pregunta, dime. Soy tu médico tratante —dijo ella.
Fernando asintió con la cabeza y luego recordó algo e hizo una mueca desagradable.
—No... no tengo