Al día siguiente, Sofía se despertó en la cama de Julio. Un poco aturdida, preguntó:
—¿Por qué estoy aquí?
—¿Tú qué crees? —la voz de Julio sonó en sus oídos.
Se sobresaltó tanto que se sentó inmediatamente en la cama y se volvió para mirarle.
—¿Por qué estás aquí? —le preguntó.
—Esta es mi cama de hospital —le recordó Julio.
Una expresión extraña se dibujó en su rostro en cuanto recordó lo ocurrido la noche anterior.
—Todo esto es culpa tuya —dijo.
Si Julio no la hubiera abrazad