En la mansión de Antonio, Mariana durmió bastante bien esa noche y aparentemente no se vio afectada por lo ocurrido la noche anterior. Al levantarse y bajar las escaleras, Antonio ya estaba sentado en la sala. Al verla bajar, se levantó y se acercó a ella.
—¿Sientes alguna incomodidad en alguna parte?— preguntó Antonio.
—No— respondió Mariana sacudiendo la cabeza. Sentía que sus heridas no eran tan graves como para hacer tanto alboroto.
Ante estas palabras, Antonio no insistió más y ordenó que l