Con el grito de dolor de Mariana, el corazón de Antonio parecía detenerse.
—¡Tú!— Antonio no sabía qué decir en ese momento. Sentía una mezcla de ira, un dolor inefable y, sobre todo, preocupación. Sostenía a Mariana con fuerza, temiendo que se escurriera de sus brazos.
Mariana también percibió su nerviosismo y se sintió un poco incómoda.
—Estoy bien, solo es un rasguño.
Sí, un rasguño. Tal vez era demasiado oscuro, y el tirador no tenía una puntería precisa.
Al escuchar sus palabras, Antonio s