El avión pronto despegó y se dirigió hacia DF. Sofía se quedó dormida apoyada en el hombro de Julio apenas subió al avión.
Julio hizo señas a una azafata para que le trajera una manta y la colocó suavemente sobre Sofía, con una mirada tan tierna en sus ojos que casi desbordaba, provocando la envidia de la azafata cercana.
Ella no pudo evitar preguntar en voz baja:
—Señor, ¿ella es su esposa?
—Aún no, es mi novia—respondió Julio, sin pensar demasiado en ello, manteniendo su mirada fija en Sofía.