Sofía se había quedado mirando fijamente a Julio, como si no pudiera saciar su vista. Su mirada ardiente era tan intensa que, incluso sumido en su trabajo, Julio podía sentirla.
Sin embargo, él no dijo nada, actuando como si no lo notara, y continuó trabajando, aunque inevitablemente se distraía de vez en cuando.
En un momento de distracción, Sofía se había acercado a su escritorio.
Toc toc, la mujer golpeó suavemente la mesa.
—Te has distraído—, dijo.
Julio levantó la vista hacia ella, viendo