Capítulo 90: Desgraciado indiferente.
Más tarde, mientras caminaba fuera de la cafetería por las calles de Roma, Marina sintió que algo no estaba bien.
Miró dentro de su bolso y su corazón se aceleró.
—¡No puede ser! ¿Dónde está mi teléfono? ¿Y mi cartera?
En su lugar, había un bolso igual, pero vacío, que no le pertenecía.
¡El pánico la invadió!
"¡No, no, no! Esto no puede estar sucediendo"
Se repetía mientras se dirigió a un pequeño local cercano que ofrecía acceso a teléfonos.
Al entrar, el caos la envolvió mient