—¡Desayunemos! —le dijo él, tomando asiento frente a ella. Agarró una copa y se sirvió un poco de jugo frutal.
Kathia lo observó en silencio. Giovanni bebía su jugo con calma, como si ese momento con ella fuera de lo más natural del mundo.
La profesora tomó el tenedor y llevó un trozo de fruta a su boca, viéndolo a él fijamente, un silencio… Que no le resultó incómodo, pero, ella misma interrumpió después de tragar la fruta.
—Un desayuno al aire libre, me gusta, pero… ¿Por qué tanta aten